lunes, 1 de junio de 2015

EL SUSPIRO DE TU VOZ




Estás hecha de multiplicadas flores
del mundo,
en el derrotero de las constelaciones
te moldeó un alfarero con mis requisitos.
Amor,
soy el trazo de vida que existo.
Tu eres la gasa que unge los dolores.

Con el tacto de tu camino que palpita
la senda de mi alma se extiende hasta la piel.
Amo los trazos de tus surcos,
el terrón de lucero bajo la almohada
el brillo de la tierra planetaria.

Eres parte de este suelo rústico
donde las piedras del cielo se hacen agua
en el tránsito de lunas con honores.

Hidrografía de mis arterias,
estás en las naves de mis canales
cual esa sangre de relámpagos
y rayos que en mis labios cultivaste.

Tu eres para mí la curvada medialuna
que ondea tus caderas,
el fuego del sol sacando melaza
de caña en tus manos ardientes de hechura.
Tejes mi corazón con hilos de miel
bajo la sombra del ciprés y
cuando remontas vuelo de paloma
recorro el fuego de tu boca
te beso en la forma del aire
en su esfera de primavera,
leña que me abraza con
pródiga de raíces.

Mapa mío,
hecha de todas las formas.
Beso la oquedad de tus ojos y
repito en palpitar el nombre
que he bautizado al crepitar
la ola marina de mis antojos,
el pétalo de meteoro
que retumba en caracolas
esa aurea que tienes por mirada
ese sutil aliento de aromas
que juntan todas las fragancias
en el suspiro de tu voz en coro.

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PURPURAS



Rozo tu sombra
en la cuna de tus siestas.
Te mido con premura,
indago hondos secretos
de corrientes bruscas
que guardó el silencio
al ornamento de tu cuerpo.
Entre el alma y  su espesura
donde el palpitar de vasijas
dolientes confirma el dolor de la espina.

Disfrazo el verso en adjetivo
y te cualifico mujer Nereida
cuando despiertan tus labios de estética.
Meandro sonriente sobre el agua
no hay más morada que mi pecho
para que tu pena se difumine.

Rostro de péndulo emblemático
en el redil del enfaldo renazco
como la espiga fortalecida del trigo.
Irrumpo hojas de tu cuerpo
y en transcendencia nos fundimos
como un solo beso de espuma guerrera
entregado en el tumulto del abrazo.

Ya la pena es iniciación de cuaresma
cuando nieva sobre tus montes Cáucasos
acaricio hebras de tu cabellera
cual saetas de flores purpuras y montaraz aroma.


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LENTAMENTE



Recuerdo no hablarte...
Porque el invierno
reclamaba una hora más cálida.

Sí sentir...
El viento llorar en tu oído,
el mudo silencio afligido
conquistando tu dulce esfera.

En tus ojos ardía el momento.
La voz recogía su lengua anticipada.
Y lento...
El invierno iba dejando
el amarillo caído
en las palomas posadas en tu frente.

Recuerdo
mi boca dejar su espasmo rígido,
pronunciar palabra de rocío y
largamente en la cresta del arco
irisado pintarse mis labios de acrílico,
y mi boca descosiendo las costuras de tu alma,
como si cada hilo en mi voz fuese semilla
y tu oído el único sembradío
en los huecos cavados de la tierra.

Mientras el aire de la tarde se colmaba
de voces en los árboles de la guerra,
yo me extendí en el lecho lentamente
a contemplarte, y susurrar te amo.


TIEMPO DE LA HEMBRA VICTORIOSA



¡Oh mujer, de espiga y trigo en levante ¡
Nos llegó el tiempo del macho y de la hembra.
Macho asnal y ebrio, hembra elástica y felina.
Al eco sublime del canto de la sirena,
del peldaño del Olimpo se cae
Afrodita eclipsada por tu esfinge.

Nos acosa la marea incontrolable
del océano azabache del cisne sumergido.
Guardián del paraje, donde nace el beso rojo,
en el sino de la barca hundida, de su vela,
al telón acuoso de tus párpados.
Nos sopla la brisa de la sudestada y
el rigor del tifón a barlovento, en el estrecho submarino,
y a la hora ceñida en tu ombligo,      
mi boca con pasión de sacramento recorre tus márgenes,
celebrando cada arista de lana tibia, en tu planeta de alegoría.

Nos roza el momento de la sinfonía del ángel.
En el minuto acústico, donde el sonido apaga el silencio.
Erguidos a la cima plana de la puna de atacama
llega la presencia exacta del segundo.
La plétora de luz, en el costado claro del sol, y
la caricia sudada de nuestras pieles.

¡Oh, majestad mía, magia de mujer y pulpa¡
Mujer hecha de tierra y estanque,
de glándulas y tendones luminosos.
Con mis pies de lodo, trepo tus muslos de alga,
con garfio enguantado de seda y
manos de terciopelo en las palmas.
Escalo tu vientre de aurora iluminada
al pico de los Cárpatos entrañables.
Suelto un beso de aire con rigor de daga, y
el viento lo sopla con lenidad de espuma.
En ti dejo mis labios de pirueta, para volver al rescate, y
A tu silueta va mi beso amplio y asaetado en arpón.

 Para la calma en oasis del macho turbulento.

 en el tiempo de la hembra victoriosa/


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SÉ QUE ESTARÁS



Sé que estarás
en el humo que brota de la noche.
En el menú velado
con pábilos a media luz,
con tus gestos de madrugada
en la hora exacta
tus pies al ángulo de la ochava.
Bajo el alumbrado
después de mi llegada,
con tu rosa túnica decorada,
sentada al postre del recetario,
escuchando el vuelo de mi palabra
que pesa menos que el anhelo
de acariciar tus labios con mis belfos.

Sé que estarás
en el plano del papel
donde comencé a esbozar  tótem.
Con tu mirada ceñida al aire
y tu mano reposando en mis hombros.
Sé que estarás porque en la cita auricular
tu voz sonaba a dulce quena hecha de caña/
Me estremecía la palpitación
de tu acento almibarado/

Te diré mujer, dulce de panales…
Que hoy estarás junto  a mí
y el alba nos hallará
despertando con plegadas pestañas/

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PUERTO NOCTURNO

              

Después del diluvio de la noche flagrante
El oscuro velo tiñe su sabana en blanco y
Al despertar, emergió el ansia de mirarte.
Una loca urgencia. Me capturo tu encanto.
Casi fuera de los limites del cielo,
Donde los astros no danzan,
Gire mi lengua en hélice al pronunciarte:
Me apremia ver la luz de tus ojos
encandilando mis mañanas,
con fulgor de rayo y hacha bravía.
Tu risa en actitud brillante y
darme cuenta que ya es el día.
Tras una noche que acunaste tu sueño en mi desvelo,
al cobijo de mis brazos y con suspiro al instante,
Nos amamos. Al cálido roce de nuestra piel.
Te anclaste revoltosa e inquieta,
con aleteo trémulo de mariposa.
Tus amplios senos adulaban mi vista, y
aun en sombras, mis manos no resistieron el momento.
Tus labios  mojaron al rocío de madrugada.
Tu frente abierta en ademán colmada
se adorna en ribetes con tu oscuro pelo.
¡ Luego el descenso ¡
La caída en vértigo a tu vientre aplaca  ansias atesoradas,
a la cita con tu ombligo mundo.
En el  estrecho  surco de tus muslos,
como atrevido y osado aventurero
me interne en cavernas de fuego, tras los musgos.
¡ Placidos montes. Tierra madura y fecunda ¡
No termino nuestra noche. Al alba desperté y
en murmullo confidente al oído,
te relate, en suave susurro:
                        ¡ Que poca luz queda ¡
Para rozar de nuevo los muelles del puerto,
de otra noche nuestra.


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PRELUDIO



Huella de sal, 
cuencos áridos 
traigo olas para tu anatomía, 
pausado gotero húmedo 
de aguas cristalinas/ 

Lento preludio se incorpora 
en el abierto espacio genital. 

Al nombre del amor 
que es tu propio nombre. 
lo repito con acento especial/ 

Desde ese vuelo celeste 
comprendí las tareas de la tierra, 
el pulso pujante del viento efervescente, 
el frescor de sábanas albas 
se agita en movimiento ondular/

Cenizo el blanco uva 
en el pétalo vivo/ 
Mi suspiro ya es aliento 
de iracunda marea 
que se inclina 
a la dulce tarea cuando 
desde el grito del mar. 
lejanas siluetas son 
aguas cálidas madurando 
el momento del éxtasis/ 

Entre espumas danzantes 
baila la floja sombra agotada 
del sonoro sonido exultante. 

Ese idioma con énfasis 
se propaga en la libertad del lecho. 
En desdibujados semblantes, 
fustigada la carne 
iniciamos caricias 
de alma sobre los pechos/ 


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