Somos más que hijos
de la tierra
que con su vientre
nos alimenta.
Somos aire de
parral infinito
que a la progenie
uva hereda.
Más que huéspedes
del planeta,
somos visión
imaginaria
de estrellas
doradas.
El escotoma
creador de la mirada,
que en la copa
espiritosa se manifiesta
Legumbres, elotes y
tamales,
huracán de jazmines
en la breve siesta.
Simbolismo de dicha en una ronda
donde el orégano es
raza de la pimienta.
Somos la azada que
al terrón mezcla,
lúpulo, cebada,
cuerpo de malta en la cerveza.
Marcha descalza
sobre agua plateada,
atabal resonante de
gola que acrecienta
mareas bañando
pérgolas y frondas.
Somos el hogar de
la greda
que el paciente
signo del foso espera.
Alma- corazón-
musculo y piedra,
invento de luna
soñolienta
reflujo
iridiscente, sinuosa ola rizada
que al piélago
oceánico flamea.
Somos luz de
libela, ánfora de ginebra,
tulipa de alabastro
en jardín colgante
Fiesta en cofradía,
amigos, serpentinas
de boatos
que en dicha
celebramos cuartos asados
aunque el pedregal
celeste golpee sin guante
somos el Fausto
paladar que al banco se sienta.
La soga fuerte de
la maroma tiesa
que sujeta bajeles
en puertos de mariscos.
La roca de
escollera que el viento sopla,
La estancia
palaciega donde reposan malvaviscos,
la perla brillante
en la boca de la ostra,
La arena que al pié
inquieta.
Y entre el ser o no
ser
la levedad del
laurel,
plantío de
nocedales anacoretas.
Somos humo de paso
que deja huella
libando la vida hasta
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