Me voy aletargando en tus
recodos amplios
Pero llevo en mi memoria los
momentos
No lego a la vida ni un
tormento,
mi corazón de roja cresta
cardenal
Sabe al caudal del rio
inmenso
Donde nuestras aves
encontraron su sueño.
Retomo tus estrofas de mujer...
Entre el rumor y el remanso
de tus brazos
No distingo el ébano del álamo
Ni escucho del colibrí ya su
paso de aleteo en el alambre
En ti mis sauces tristes
lloran su lágrima de estanque
Y en tu mano queda el rocío...
Alambre de mis potestades
donde reposan mis
Pies sus oquedades heridas
Alaborio de ministerio es tu
suspiro
Ultimo átomo de mi hojarasca
Donde la pequeña fuente
bautiza mi dolor
Y con tu cruz de primavera
bendita la luz
Me basta del hoy hacia todos
los mañanas.
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