Testigo del beso
fue la luna
antes que las
aristas del astro amanecieran
meciendo venideros
sueños de cuna.
Fueron dos cintas
núbiles desplegadas
saliendo de su
encierro,
cubriendo esa tromba
que cepilla
la existencia de la
piedra.
El rumor de la
brisa habló por ti compañera
cuando abrimos los
marcos de las troneras.
con la suavidad que
domina la hoja.
En las ramas planas
nos secuestra
la araña que trama
este sentimiento y
pacientes mariposas
fisgan el momento.
No hubo prisa
camino al tálamo,
los labios
apasionados fueron sigilo de orquesta,
aleteo profundo de
gaviotas
flotando los arcos
de tus cejas.
Tú eras el cuerpo
de la última estrella que brilla,
éramos dos pieles
trabajadas
del dócil becerro
enamorado
pero en el cuarto
fuimos del amor su amo.
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