jueves, 2 de enero de 2014

ELEGÍ UNA BIBLIOTECA


He comprado con mi honrosa vida como dinero
la última tumba blanca profunda,
lejos de corteza de la tierra,
en lo subterráneo, donde la cal pinta sus aristas/
Hay una abadía al borde del río minero,
manadas de bestias mansas sin reproche
que lamen acariciando mis entrañas.
El ave del hilo depositó su huevo de compañía y
la lluvia dorada trepanó la cavidad con su mecha de espiga

Hay un trono sin rey ni heredero
donde mi suero no reclama consuelo y viven...
viven mis sueños de muerte postergada
en una perdida catedral de aposento.
con barajas y cómicos sin careta
batiendo un cubilete de azar lento/.

Mi pluma seguirá su alameda de senda

al aire inmóvil donde embranquian los peces extraños
y los cisnes retoman las fuentes
donde mis pies de niño
bautizaron su elección de camino,
con la certidumbre del riacho echo escarcha
coroné al renacuajo emperador de carne blanca/
Aquí... Ni la sed cotiza ni pide presupuestos metálicos.
En lo profundo hay una pradera y un valle
que elegí para morir con respiro,
rodeado de una biblioteca de poemarios/


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