He comprado con mi honrosa
vida como dinero
la última tumba blanca
profunda,
lejos de corteza de la
tierra,
en lo subterráneo, donde la
cal pinta sus aristas/
Hay una abadía al borde del
río minero,
manadas de bestias mansas
sin reproche
que lamen acariciando mis
entrañas.
El ave del hilo depositó su
huevo de compañía y
la lluvia dorada trepanó la
cavidad con su mecha de espiga
Hay un trono sin rey ni
heredero
donde mi suero no reclama
consuelo y viven...
viven mis sueños de muerte
postergada
en una perdida catedral de
aposento.
con barajas y cómicos sin
careta
batiendo un cubilete de azar
lento/.
Mi pluma seguirá su alameda de senda
al aire inmóvil donde
embranquian los peces extraños
y los cisnes retoman las
fuentes
donde mis pies de niño
bautizaron su elección de
camino,
con la certidumbre del
riacho echo escarcha
coroné al renacuajo
emperador de carne blanca/
Aquí... Ni la sed cotiza ni pide presupuestos
metálicos.
En lo profundo hay una
pradera y un valle
que elegí para morir con
respiro,
rodeado de una biblioteca de
poemarios/
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