jueves, 2 de enero de 2014

TRAS EL MURO


 

Yo crucé la frontera en el lago del dolor intimo y profundo,

por el Dantesco fango lodoso.

A la popa de la ribera, mi vida maculada y

a la proa el canto seductor de las ninfas melódicas de Belcebú.
Trepé la barca de los condenados, creyendo que al naciente había un Edén. Sólo hallé la escalera del Purgatorio
y el babélico idioma de Lucifer vestido con sotanas.
A la huella del abismo, mis pies de ladera barrosos anduvieron más abajo del fango. Mi etílica lengua. Muda... Trabada... Pronunciaba su habla confusa. El muro no fue el de los lamentos ni la reconciliación de la piedra abatida en Berlín.
Más que un Holocausto era peldaño del averno.
Tras el muro no había playa de encanto, respiraba aire contaminado entre
los siete jinetes de las heridas Apocalípticas.
Tras el muro todo es falso. Las dos caras de la moneda siempre caen de canto. La luna es de los lobos y flores negras agonizan en los prados.
Como la sombra de la lluvia que trepana la sien, todo es ajeno, la única propiedad es propio sufrimiento.
Yo crucé la frontera de las espinas profundas
en los mínimos peldaños de salida con objetivo.
Sabiendo que tras mi espalda
había una mecánica subida de un pasamanos
con boleto de ida sin regreso.

Ni pájaros ni aromas caminan ese submundo, donde la soledad es un olivo raquítico con el carozo pútrido de los siglos/

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