domingo, 18 de noviembre de 2018

CIMIENTOS






La piedra otea una luna de ojos viudos
que triste ve latos horizontes,
planicies de sembradíos
donde la madre del vino
en su estación oblicua
recoge manos de vendimia
el globo del racimo.

Inicio de sed repentina
laboriosos cosecheros con retinas
mustias desvanecen del cuerpo
otoños de melancolías.

Así como los visillos
abren sus parpados urdidos
hay altas torres que celan planicies.

Obturan fatigadas pupilas
pero la voz del arzobispo tercermundista
cruza países abriendo fronteras,
el buen pastor consuela destierros,
y predica el piro humanista
resolución ecuánime de flagelos.

Persiste en percutir tímpanos
aunque algún oído rechace ecuánimes palabras.

Las carnes pedregosas claman
desalojar alambres de confines,
espectros umbríos
que opacan visión de luz eterna.

Devastar efímeras victorias
y sea piedra o roca
siempre el veraz reflejo
del cristal proyecta
el vacio de la derrota.

Amén, concluyó Francisco,
el gentil samaritano
sobre la piedra que es luz de cimiento.



De LLUEVE EL VIENTO EN LOS TEJADOS-  Publicado en julio 2019 - Ed. PALIBROS - N.YORK - EEUU

Hecho el Depósito según la ley 11-723- registro de autores.

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