El reloj me clava aguijones
por mirada,
con la táctica del muro donde
se suspende
agita el orden de la sangre y
libera
su ansia patética de
precipicio acelerado.
Mira cruel y ciego,
como la mujer vendada
que derritió la lealtad de su
balanza.
Entra el agnóstico clamor de
la noche larga
mientras descuento puntos al
reposo,
el ritmo de los pasos y las
voces peregrinas
alejan las cortas piernas de
la tarde,
las agujas ultrajan el alba
como caballo con barba y crin
tiesa
a quien tusaría a dentelladas
sus pelos de siesta.
Con puntualidad de sicario
mueve su aspa fina de sonido
y gota,
suena como descorchada
plomería,
en femera de cisterna
explotan los grifos al borde de la cama.
Me queda el inalcanzable
deseo de dormir tecleando la almohada
cuando desciende su péndulo
de clic en la pared,
dolencia de clavo y aleve
clepsidra penetra mi madero de sueño.
Fibrila mi tiempo de reposo
su golpe de infarto,
El día me halla con el
párpado de la luz y su paso...
El reloj mira y ríe...
Ha ganado el tiempo en su
batalla
y el borne de mi narcosis se
desveló en la guerra.
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