Otoño espeso
de panoramas
opacos,
a través de
tus ojos claros
apunto lo
que me dicta tu mirada.
Las nieblas
densas
se abren y
cierran,
hojas que al
viento caen
atrapan mis
dedos páginas
cautivas en
mis manos.
Quiero
beberte copa de vino negro,
con voraz
sed que reclama
sobre el
lecho diáfano.
Enjugar mi
boca con tu húmeda lengua,
empalagarme
con dulces almendros
arista de
boca disciplinada.
Recuéstate
gacela purpura de existencia cotidiana
que la luna
vino a recostarse en tu cabello,
trajo
legiones de centellas
para admirar
este coloquio de fricción pilosa
donde
consumimos hasta el fulgor de la última estrella.
Patria de
sangre mía,
sobre el
apéndice de tus senos
besaré
fontanas violáceas hasta que las atalayas del cielo
vibren al
estampido ver del carnal encuentro,
y las liras
arpegien odas de amor infinito.
Me hundiré
ver en la plenitud de tu mundo,
en la cima
de tus besos dejaré brillantes cerezos.
Esta noche
no se diluye ni se escapa
en
infructuosas palabras de verborragia.
Seré el
lente de aumento en lento placer la exploración de tus médanos.
con dedos de
espuma y sales de plata.
Subiré
pleamares dispersando tus tórridas arenas
que en la
intimidad exhiben las bellas algas de tu cuerpo.
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