Tendido al jardín la calma
añil del lago
el desnudo ramaje otoñal se
inclina a la hierba
camino de suave paso es
huella de luminoso recinto.
En sosiego resuenan campañas
bruñidas
de diez siglos sus bronces
antiquísimos
vieron volar azules pájaros
del aire migratorio
bajo un sol de diáfano lumen
antiguo.
A mi amada se le humedecen
los ojos de alegría,
claro amor níveo, estanque de
alabastro
bajo el paraguas sombrío del
cedro entinto
hebras de su pelo argento
semejan melena teñida.
Los corazones se apegan a la
hora de la infusión vespertina
cuando las delicias
despiertan goces de furor
y tras la pausa fluyen
torrentes de sangre diluida,
ardiente cruzada de frutos
maduros en bonhomía
relucen brillantes al pie del
altar de los suspiros,
un manojo de uvas maceradas
anticipa roce abrasivo
cuando rondan los ribetes del
vaso su rojo contenido
de amapolas el éxtasis
filetea luces que sellan las bocas
y en avidez secreta consumen
los labios todo lo que tocan.
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