Con un madero amplio,
algarrobo, cedro o pino,
construiré el tálamo de
nuestros sueños compartidos.
Cubriéndonos con los brazos
desnudos y las almas tibias,
bajo el manto luminoso de tus
ojos de destino.
En la noche, enlazando las
palmas sumidas,
mis dedos de carpintero, los
tuyos tan acogedores
que no hay salida de tus
brazos.
Al techo mirando la estrella
asida en muestras manos
como una sola hoja de papel
comprimida.
Del madero con vocación de
hachero en digital enredadas,
cortamos la soledad en
tajadas con caricias en incremento,
el frío se ausenta - casi
exiguo- bajo tu mentón de alero.
Del hueco de tu alma emerge
un punto cálido
cuando en mi pecho reposa tu
boca en suspiro,
el silencio es red cautiva
del amor invasivo,
el motivo de la acción es el
instante válido.
En la piel del reposo
descansa el vapor de nuestro halo
de cuerpos juntos, de tu puño
abierto afable hada
vuela una golondrina
emancipada sobre el lecho,
abejas rondan opíparas
colmenas libando pistilos
y la mañana asoma con la lana
tejida en la velada.
Al estar juntos, los sueños
son siameses bruños.
El amplio listón es hostal de
cuerpos unidos
cuando la detención del
tiempo retrata el instante del madero,
cada veta es línea en
plenilunio, brillo de astro a nuestro nido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario