La cruz fue blandida en pos
del Espíritu Concebido.
Inició la feroz batalla con
injusta desigualdad.
Al ignorante, mudo, al
pensador y el decrépito.
De elogio, la mujer recibió
flagelo.
Pensar fue su culpa. Hablar
su No Derecho.
La belleza se ocultó a la
sombra de un velo,
el femenino encanto genuino
fue deshecho.
En decreto plagiado se mutó
la palabra. En fundamento,
vocablos repetidos: prisión,
culpa, castigo
de lenguas opresas y mudas
por el tormento.
Respondiendo en multitud de
idiomas babélicos.
¡ Perdón por haber pecado,
perdón a la Santa Inquisición
El cielo invocado comprimía
ideas y razones,
en estrecho espacio de tiempo
se arrugó el mar rugiente.
Santos, ostias y purgatorios
clavaron punzones,
en el vientre del sol, que no
salía al oriente.
Luego llegó el escudo blanco y rojo asesino.
Moros, infieles, ateos,
negros al abrazo del martirio.
El Cristo quedó anclado en la
tierra del olvido, y
la imagen de Santa Guerra se
vistió por manos usureras.
Los muros saturados de rigor
ortodoxo patético
vibraron al nombre de un
Copérnico y un Galileo.
Leñadores, granjeros,
guardianes de lana en buen Sacramento
encendieron la llama de aquel
que habló en hebreo.
A que punto conduce la mísera
unción en manos alquimistas,
artífices de la caza y la
persecución.
¡ Dime, plagiado caballero ¡
¿A que razón apunta tu rapaz
constancia,
y que alma va en la punta de
tu arpón?
Tienes jurisdicción, más no
Libre Albedrío.
¡ Rinde tu débil voluntad. Te
ha vencido el corazón ¡
¡ Perdón, infelices del
mundo, por el agravio del pasado ¡
En nombre de lo sagrado, la
tierra fue un inframundo.
¡ PERDON ¡
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