martes, 22 de octubre de 2013

EL NERVIO HUMANO

 


Dichoso de envida el hierro
 sin nervio sensitivo,
la roca y su mineral anestesiado,
dueña de la dureza
sin párpados para el llanto/

¿Quién le ha preguntado al corazón por su dolor?

                         ¿Que sabe el yunque del dolor de la carne.
                           Ni la sombra del espanto del alma magullada?
El nervio oculta su negro abismo
de serrucho tras el humo del camino,
mientras la vida sigue su paso fúnebre
se va suicidando a la tumba del ladrillo
ignorando las agujas del sendero.
De los rojos brezos transformados
a los olores ciegos del asaro,
como dos columnas de coléricas flores/

Sus pies arrastran la helada valija
del equipado sepulcro y
no basta el rumbo cierto del orden
en la catástrofe sensitiva/
como persistente sádico
baja su martillo al nervio dolorido
y se pronuncia con voz fatal
en el  clamor ajeno,
bajo gélidas sabanas.
Aun en cicatrices hurañas.
Brazos fortalecidos muerde,
arrojando yunques sobre hombros
de cúpula roída.
Tiene sordos oídos sin conexiones
y en los campos del luto,
el nervio es amo absoluto.

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