Bajo los árboles del silencio
transitaban las horas petulantes del día,
quemando las vanidades en la hoguera
con el naranja amaneciendo en las pupilas
de un nuevo espacio/
Una hojarasca yacía
entre tanta confusión dispersa
consumiéndose en cada gota
de ausente paisaje.
La oscuridad de las frondas dibujaba la
noche y
el manto de fugaces estrellas todo lo
empequeñecían/
Una naturaleza ya cruzando la frontera
de la negra espalda de la luna
tejía la trama del fuego legendario/
En su andar las volcánicas llamas
estampaban sus huellas de imágenes bellas/
Una figura en el humo se delineaba
y con sus contornos deleitaba mi vista/
Mis caminantes dedos moldeaban
el nadir brillante de una playa tierna de
aristas,
se evaporaba la silueta de mi amante
desconocida
con el rojo de la rosa en el humo y
la sangre azul quemándose en la violeta
enardecida/
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