lunes, 5 de noviembre de 2018

ROSADAS MANOS






Viví como un prosélito

husmeando rosadas faldas,

muelles gastados de marcha,

devoré lunas con ojos de opio abierto,

bebí aguas y licores en estanques florecientes,

Tulipanes deshojados bajo cielos de escarcha.



Perdí miles de soles centelleantes,

cálidas mañanas,

conversación de amantes.

La fría soledad me encerró en sus muros

de inertes magnolias,

Así me encontraba con la postura de su abrazo.

Llegaba de islotes lejanos, de istmos vegetales.



Ahí la llamé mi reina.

Pero el corazón viró en el misterio del agua,

los puertos del aire ahogaron

peces y el vacio estalló en mi cabeza.

El pez taló mis bosques y en el relato de nada

me hallé diluido de alma,

titubeando al trecho de una mujer mirando

tiernamente el corazón rajado.

La vida iba germinando

nuevos huertos y jardines desmemoriados.

Entre hebras de fuego su intento

ornamentaba la falacia con rosáceas manos.

Su boca era suspiro de viento, plena lentejuelas de labios

brillaba como corona de cometas peinados

y en la fluidez del pelo lacio hallé briznas áureas


flotando pétalos con sueño de vástago.

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