Eres
de la tierra,
nacida
donde el tiempo eterno
acumuló
sus mañanas.
En
los días de estíos y
las
noches estiradas de gélidos inviernos
Como
el sol quemante de la siesta
plena
en la altura del silencio
donde
el cielo equipa sus aguaceros y
la
vida se desliza en los rastrojos.
Cuando
tus labrios de grieta
flexible
se pronuncian en reflejado
arroyo,
en
la oquedad del surco
estallan
frutos maduros y
el
tulipán hembra engorda con el cerezo,
bajo
la sonata del ceibo acústico
rasgando melodías conclusas.
Mujer.
Eres
de tierra y no de asfalto.
Llevas
el negro terrón en tu alma y
los
verdes mordidos del pasto a dentelladas
Eres
la agreste morada donde el horizonte
se
pierde en la mirada.
Llevas
el sudor de la azada en tus poros
y
cuando la noche resalta tus pestañas
pierdo
las estrellas bajo el velo de tus parpados.
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