Nace el día, y tus ojos los llevo en
la guarida de mi pupila.
Me ciegan y encandilan, como el faro
inmenso en el océano diminuto.
No sé si mi dia es muy largo para extrañarte.
Porque en la noche, mi tiempo es breve para
evocarte.
Me acuesto a un lado de la ribera de tu
frente, y
del otro, la orilla en selva de tus cejas.
Levántate conmigo del sueño al firmamento.
Ven amor, bailemos la danza inconclusa
de este baile infinito, como
el eterno vals de los astros, enamorando a la
luna.
¡ Bailemos ¡ con la forma de la cereza en tus
labios, y
el rojo cresta del gallo del alba.
Dama mia de encanto. Baila.
Gasta los zapatos de Cenicienta,
al roce del topacio encendido en el suelo.
Baila y carcome tu calzado, para que mi noche se
desvele
al bruñido recuerdo de tus pies descalzos.
Y mi día se haga mas largo, a la espera de
otro baile.
¡
Ocurre que te amo ¡
Desde el antiguo tiempo de la seda.
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