domingo, 27 de abril de 2014

MI HOMBRO PARA TU ANGUSTIA


No estás sola
 con la espina de la angustia
Ni tendrás que agazaparte
de rodillas sobre piedras gastadas
con deshonra en el tránsito
de la rueca la vida descarnada
No acelerar tu ritmo ,
ni tu paso,
ni tu latido tras la mañana.
Porque no estás sola.
Está mi mano almibarada,
mi pecho abierto en estocada de pórtico,
tan abierto como una muralla apuntalada y
 una playa de tierra submarina desembocando
en mi sangre.
Labrada para ti, dúctil y acuática/

Nadando los peces escamados 
 aguas para tu sed y
alimento en mis fauces de saliva.
No estás sola con tus fantasmas,
ni llorando tus lagrimas diluidas.
Aquí están mis hombros
enlazados como selva clara
para tu ojo irritado,
hombros estirados como rama
inalterable de roble
Espantando los harapientos espectros
 al territorio infértil del sepulcro
donde se revuelcan doloridas
las penas disueltas.

No estás sola…
Ni el mañana hallará huella
ni rastro de tu sombra
paseando habitada de compañía
con la mano al vacío negro,
Morirá encerrada en el cuarto
de las “pinturas negras” innombrables,
donde lucen manchas y
en torva se deslizan al olvido irrecuperable.
No estás sola en tu cuerpo
que fue rehén de claustro,
ahora mis pies masculinos la pueblan/

Ya no hay hambre para tu boca
porque esta mi carne de pan y espiga
Mi trigo dorado,
bronceado al sol de tu piel blanca
de hembra/
Mi fiebre útil para saciar tu fruto ardiente y
            mis manos de instante que ya no retroceden...
Si no,
está mi amor en figura de corazón y fuente
para que arrojes tu moneda de dicha y
pidas todos los deseos inconclusos.


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